jueves, 20 de diciembre de 2012

El hombre que miraba pasar los trenes. Georges Simenon

Kees Popinga, un honorable padre de familia de Groninga, Holanda, aficionado al ajedrez, es un hombre sin complicaciones hasta el día en que su jefe le revela confidencialmente que la empresa está en quiebra y que él se prepara a huir no sin antes disimular un suicidio. Para Popinga significa la ruina. Al día siguiente, alentado por una insospechada seguridad, abandona a esposa e hijos y corre hacía Pamela, una bailarina, antigua entretenida de su jefe. Como éste se le resiste y se burla de él, Popinga la estrangula y sube a uno de esos trenes que en otros tiempos miraba pasar con una mezcla de angustia y nostalgia, y huye a París. Allí conoce a  una prostituta que intenta ocultarle, aunque muy pronto se da cuenta que esa misma protección puede convertirse para él en una trampa. La policía intensifica su busca mientras los periódicos empiezan a dar de él una imagen que Popinga considera falsa y distorsionada. Un hecho tonto, absurdo, va a cambiar radicalmente, una vez más, el rumbo de su vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario