miércoles, 3 de abril de 2013

Los ángeles mueren de pie. Alejandro Casona

Alejandro Casona, nacido en 1903, estudió arte escénico en el Conservatorio de Murcia, y Filosofía y Letras de Madrid. Dirige luego el Teatro del Pueblo, recorriendo con un grupo de estudiantes centenares de aldeas españolas para difundir entre los campesinos el repertorio de Cervantes, Lópe de Vega, Calderón y Moliere. Su primera comedia, La sirena varada ganadora del Premio "Lópe de Vega" en 1934, es representada en el Español de Madrid por Margarita Xirgu. Después de recorrer en misión artística varios países de América, se radica en la Argentina, donde escribe las obras más destacadas de su repertorio. Regresa luego a España, donde fallece en 1965.
Su obra Los árboles mueren de pie es una de las más famosas, singulares y representativas de su trabajo.
El argumento:El doctor Ariel ha fundado una institución cuya misión es llevar la felicidad en la medida de lo posible a distintos seres desdichados. Dicha institución está dirigida por Mauricio quien conocerá a Isabel y al Señor Balboa, personajes que influirán decisivamente en los acontecimientos que tendrá que vivir. El señor Balboa se dirige a Mauricio con la intención de que se haga pasar por su nieto. La vida del nieto verdadero ha estado llena de acontecimientos desastrosos que le han llevado a convertirse en un delincuente con antecedentes en varios países. Esta realidad le ha sido ocultada a la abuela, para evitar el dolor que supondría el conocimiento de esta vida. La ilusión mantenida por el abuelo se complica cuando al cabo de más de veinte años reciben el anuncio de la vuelta a España del nieto verdadero y casi simultáneamente el conocimiento por la prensa del fatal accidente que confirma la muerte del mismo. Una vez que Mauricio acepta la misión de hacerse pasar por su nieto, acompañado de Isabel como esposa, son llevados a casa por el propio señor Balboa. Se viven unos días de plena felicidad por el regreso al hogar del nieto perdido y ahora recuperado. Pero todo se complica con la llegada del auténtico nieto, que no ha muerto como ellos suponían en el accidente publicado por la prensa. La abuela se entera de la farsa que había habido, pero decide no rebelárselo a Mauricio ni a Isabel, en agradecimiento por los días felices que le hicieron vivir. 

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